En la Biblia, la uncion representa consagración. En el Antiguo Testamento, el aceite era usado para ungir tanto a personas como a objetos, apartándolos para una obra especial y santa. En Jesucristo, esta unción se extiende a cada creyente: somos ungidos por el Espíritu Santo para servir a Dios. Nuestras vidas han sido dedicadas a Él, y ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos llamados a vivir conforme a Su voluntad. Dios cuida, protege y respalda a Sus ungidos, guiándolos con Su poder y presencia.